¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!. Jonathan Swift
Si hacemos un esfuerzo y nos estrujamos la coliflor siempre podremos recordar ‘algo’ de ‘hace poco’ que nos haga sonreir.
Pero vivir de verdad… nada de arrastrarse por tus absurdas mañanas llenas de monotonía…
Es jodido… Hoy en vez de una ‘de tomate con aceite y sin ajo’ pásate a la mantequilla, o ponle jamón… o ¿por qué no? échale ajo y que le den por culo al prójimo… o cambia la hora del pitillo… o como acabo de hacer… no desayunes e invierte ese preciado espacio de tiempo en pasear mirando los tejados (con menos tormentas y nevadas encima que mis gárgolas…) y escuchando música desconocida; con la cremallera de la chaqueta hasta arriba y tu espalda encorvada facilitando el acceso de tu nariz hacia la calidez de su interior…
Cuestión de actitud…

Fly-Wednesday… Una de recuerdos. Más.
-¿Te pones los cascos debajo del casco?
-No… ¿para qué?
-¡Qué aburrimiento!
-aiss…
Ya se lo soltó O a la princesa de brebaje en mano que, encandilada, quizás, por su porte de bohemio errante y el brillo de la hebilla de sus chapines, intentó turbar su soledad:
-Estás muy solo…-
-Es que me gusta disfrutar del silencio…-
¡Uy! ¡lo que me ha dicho!
Hay dos cosas que se complementan a la puta perfección.
La carretera y el silencio.
Pero como en casi todo, hay quien no sabe apreciarlo.
La música mola, casi siempre, te da la vida, te transporta, es casi como un perfume que aparece sin previo aviso… Pero joder! hay momentos en que la situación te pide un Pause.
Oscuridad, candiles, debilucha aura intermitentemente luminosa de algún pueblecito a lo lejos, letreros reflectantes, chimeneas volcánicas de alguna central, neones y camiones aparcados… y mutis.
Hay viajes en los que la mejor banda sonora, es la que sólo suena en tu cabeza.
O que a medio camino, solo, radio apagada y en plena noche cerrada, te llame y te cuente un cuento.
…O de cómo despegar de mi fea silla, dejar de mirar el dibujo y vivir esta mañana.
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