-El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo.-
(Sartre: El existencialismo es humanismo)
Via.- Wikipedia
* Me jode no haber sido yo el autor de tan buena ilustración… Además desconozco la autoría…
Siento rozar en mi cara, el afilado, al igual que la Filomaticde mi abuelo, olor del despertador. Son las impares 16’27h. En mi sueño olfateaba el sonido de la arena mojada, oía el dulzón sabor de cada una de esas gotas impactando contra la tupida tierra de mi campo, su desprendido sabor al estrellarse, veía el agradable frescor de éstas al deslizarse por mis brazos… pero escucho que la temperatura sobrepasa con holgura los treinta grados, (tanto calor me hace descansar mal…)… Me acerco a la cocina, y sobre el hornillo percibo el amargo ruido del café recién hecho, mientras me lo sirvo palpo el humo blanquecino que desprende, puedo observar su sabor, puedo escuchar su espesa negrura, puedo oler la tórrida lisura de la taza que huele blanca, inmaculada… Mientras la miro voy oyendo como se enfría poco a poco… ¡es tan efímero el sonido del calor!…
Al mirar a través del cristal del coche saboreo el cegador brillo que refleja en la metálica pintura que se extiende sobre la lata que cubre el motor… diviso el embriagador olor del carburante, y escucho el humillo, que similar al de las carreteras en agosto, produce al evaporarse… y, que se mezcla con el absurdo silbido de la mimosa que se halla erguida sobre mi cabeza… En los pelillos de mi nuca degusto la insólita mezcla de sabores y al apretar el cuero del volante huelo la suavidad de las costuras que lo rematan… Al girar la llave acciono la cilíndrico-cúbica sinfonía de hedores que penetran por mis oídos; por mis ojos, la compota pestilente que se desprende de la combustión por el tubo de escape, de un sabor negro, de un olor caliente… En el camino voy escuchando cada uno de los colores de los coches con los que me cruzo, voy olfateando la profundidad de cada uno de los baches por los que atravieso con el coche; voy dando oídos a las deslizantes pinturas ámbar de las obras y saboreando la presión que ejerce mi espalda contra el sillón en cada acelerón…
Al llegar escucho como queda vacía una plaza de aparcamiento; después, en el vano asiento de al lado percibo el olor marrón de La Náusea de Sartre… Escucho el desgarrador olor del despertador, abro los ojos y lo veo… son las 16’27 h. … ¿alguna vez soñaste que soñabas?.
Y aquí os dejo un regalito para vuestras exquisitas narices…
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