A eso de las 7 h. de la mañana del sábado, tumbados seis o siete de mis amig@s, en comuna entre las mantas, cojines y colchones de la Sala Roja del Proyecto Valdivia (El piso), mientras buscábamos el final de la conversación que tan sólo mantenían con vida las abandonadas a su suerte lectora de lumacsolo y su suave amiga, mientras los demás, unos de buenas maneras y otros, habiendo superado ya el estrecho límite de paciencia que provoca ser despertado bruscamente; de maneras mucho menos ortodoxas, intentábamos convencerlas de que al fin pusieran punto y final a la conversación, al menos durante las 3 o 4 horas que es la media de sueño cuando se terminan allí las noches… escuché:
-Luis, ¿tú odias tu trabajo o qué?- Dijo la preciosa amiga de la suave Cris
-¡Nada de eso!- contesté, -¿Por qué lo dices?, ¿Por algunos de los posts del blog no?- proseguí
[Las palabras que empleé en aquel momento, puesto que acababa de ser brutalmente arrancado de un precioso y reconfortante sueño que además estaba sirviendo de bálsamo para la recaída en mis crisis de migrañas a la que había vuelto aquella misma noche, no fueron estas... pero querían decir lo mismo...]
< Prometo que esta es la última vez que publico algo quejándome de mi trabajo >
No odio mi trabajo, de hecho me gusta mi trabajo, he estudiado para ello, he tenido la suerte de encontrar un buen puesto de trabajo fijo en mi ciudad, con una cierta estabilidad y tranquilidad, cerca de mi casa y con un sueldo, que aún siendo una puta mierda, no deja de ser lo que hay… Me tiro todo el día rodeado de ordenadores, con mi tabletita, haciendo ilustraciones (alguna que otra no exclusivamente para mi trabajo…) y tengo cierta libertad…. en fin, que no odio mi trabajo…
Peeeero…
Odio que mi mesa esté mirando a la pared para facilitar que pasen por detrás los de arriba sin hacer el menor ruido (parecen ninjas los hijoputas!);
Odio el silencio obligado al que estamos sujetos;
Odio tener Continuar leyendo ‘Odio…’

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