“Desde la adolescencia, siempre que tenía la oportunidad de pedir un deseo (al caérseme una pestaña, al ver las 11.11 en un reloj digital, al soplar las velas en mi cumpleaños) además de los típicos deseos, como ser feliz y paz para el mundo, pedía el don de atraer a las mujeres, pero en vez de eso, la capacidad de seducción me había llegado como una ligera llovizna, y yo corría de un lado a otro con un cubo intentando coger cada gota.
En esta vida, la mayoría de la gente tiende a esperar a que le lleguen las cosas buenas y, al hacerlo, las pierden. Por lo general, aquello que más deseas no suele caerte encima; cae en algún sitio a tu alrededor, y tú tienes que darte cuenta que está ahí y tienes que levantarte y que invertir el tiempo y el esfuerzo necesarios para conseguirlo. Y no es que sea así porque el universo es cruel. Las cosas funcionan así porque el universo es listo y sabe que los humanos no apreciamos las cosas que nos caen del cielo sin esfuerzo”. [...]
El método – Neil Strauss
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