Ah! odio los cables! son tan largos y tan finos y tan negrooos!

Señores, mantengan la calma! ¿a qué se debe tal agitación? ¡Qué ironía! hay que dejar de escribir para que se anime esto de los comentarios… están ustedes muy mal acostumbrados… o quizás no, quizás la culpa fuera mía por saturarles de episodios irrelevantes de mi día a día… Bueno, eso pone en el subtítulo del blog, ¿no? No se quejen.
L.- Oye Lu, ¿qué tal si le pones a esto un azulito?
Lu.- Bueno,… pero, ¿qué tipo de azulito?
L. No sé Lu… mmm, un <azul enlace> mismo.
Dicen que en la agonía, justo antes de morir, el enfermo recupera sorprendentemente la vitalidad… pues podríamos decir que es algo comparable a mi situación… No, tranquilos, no tengo ninguna enfermedad, sólo que estoy haciendo lo posible (ya lo saben) porque una etapa de mi vida cambie… y quiero dejar las cosas en su sitio… que me echen de menos, vamos! que se jodan, pero bien jodidos… Maquiavelo, su Príncipe y otros hijoputas varios.
Eso es así.
Terminé a Don Vito, empecé y terminé al Señor Bolson (el tío), busqué el citado Príncipe, y tropecé con las Costumbres del apestado (por suicida) y con levita Don Mariano José, compré El Mundo (lo sé… bueno, fue culpa del anteriormente citado); me he vuelto a interesar, ahora en papel, por Sam Sagaz ‘El Bravo’ y aquel otro capullo nenaza (que se cepilló a Leonor (cabronazo con suerte) en los Crímenes de Oxford) que portaba el anillo; y entre tanto seguí con mis venerados bloggers (entre ellos algunos de mis quejicas lectores) de cuyos nombres no quiero acordarme.
Fui al teatro, otra vez, y salí con cara de gilipollas, otra vez, y un poco más convencido de que la escena pseudometafórica gafapastíl no es lo mío, otra vez … Visité museos y exposiciones… de ellos salí más orgulloso.
Volví a sentir que no necesitaba nada más junto a Mis ciento setenta y dos centímetros; volví a desear con todas mis fuerzas engranar la siguiente marcha; volví a mirar con otros ojos todos aquellos edificios, calles y plazas…
Descubrí una nueva dimensión, y la deseé, de aquel húmedo mundo que me fascina. Ahora, a ellos les sabe la boca a salitre… salitre que como con todo, amenaza con corroer un poco más mis moribundas finanzas… Pero si ven al payaso retozando entre los voluptuosos y sincrónicos bracitos rosáceos de la anémona me entenderían…
Discutí sobre sostenibilidad, guerras y religión… tumbado, sin camiseta ni zapatillas, con un reserva, intenso rubí de las tierras de Castilla en la diestra y un pitillo liado con esmero en la siniestra… [ya habrá tiempo para pipas].
Pero como dice el enópata: ‘Una mala compañía arruina el mejor vino y una buena hace sublime el más sencillo caldo’.
Lo que, ahora sí, de verdad importa y pasar el Testigo.
Y al final, mi hermana, que siempre fue un genio, en una jugada maestra de nueve meses va y tras veintiséis largos años de ser Luisito, con una ágil maniobra de su espada me graba a fuego, y para siempre, el grado de Tito Luis*…
y, señoras [reverencia], señores [ademán], para esto [honda inspiración] aún no encontré las palabras adecuadas [sonrisilla de medio lado y más ancho que pancho].
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